El hormigón proyectado resulta una técnica de puesta en obra interesante. Consiste en la proyección del material sobre una superficie a alta velocidad, con lo que no sólo se coloca el material sino que también se compacta. De esta forma, en una misma acción se reúnen dos partes del proceso, con lo que se consiguen ventajas desde el punto de vista productivo.
Al producirse esta proyección, parte del material rebota al no adherirse a la superficie. Este material rebotado es una de las características de esta técnica que influye no sólo en las propiedades del material sino también en aspectos económicos.
Básicamente, en la actualidad hay dos técnicas para realizar la proyección del hormigón que son por vía seca y por vía húmeda, las cuales dan lugar a materiales de unas características diferentes. Además existe una tercera técnica que es la vía semihúmeda y que como su propio nombre indica se queda a medio camino entre ambos procedimientos.
El sistema de proyección por vía seca resulta satisfactorio y ha sido hasta hace relativamente poco el método más empleado. La vía seca se caracteriza principalmente porque la mezcla entre los materiales sólidos y el agua se produce justamente en la boquilla de proyección. Los áridos, el cemento y los eventuales aditivos sólidos se vierten en la tolva de recepción, mezclados previamente, siendo estos impulsados a través de una manguera por medio de aire comprimido. A través de un dosificador paralelo, justamente en la boquilla, un operario le adiciona el agua para la hidratación del cemento.
Fuente UPCommons. El Portal de acceso abierto al conocimiento de la UPC

